Por Jorge Hernando Santos.
Cada ser humano es una Chispa Divina nacida del gran Fuego Universal. Es un Espíritu que se ha individualizado manifestándose como un Yo, esto es, que ex profeso se ha inmerso en la materia física, vale decir, que se ha acortezado, involucionando desde lo mas sutil hasta lo mas denso, hasta adquirir y perfeccionar un cuerpo físico, el cual le sirve para adquirir experiencia y así generar autoconsciencia de si mismo, la cual solo se adquiere cuando la fuerza del Espíritu se encuentra frente al poder de una resistencia. Cuanto mayor la resistencia, mayor es la adquisición de Consciencia. Esa mayor resistencia es en principio el cuerpo físico. Es también por ello nuestra mayor escuela.
Ese es el sentido per se de la inserción en la materia. La Luz yace ahí, pero solo se la percibe en el espacio infinito cuando encuentra una resistencia, vale decir, cuando hay la presencia de una corteza que se le opone.
Por eso no se habla propiamente de Espíritu y materia sino de Espíritu-Materia. Está presente en la estructura del átomo como onda y como partícula. La onda se vuelve partícula; la partícula se torna onda. La onda corresponde al Espíritu; y la partícula, a la resistencia. El Espíritu es Materia Sutilizada. Y la Materia, energía que se ha densificado. Lo que subyace en el medio es un proceso de adquisición de autoconsciencia.
A eso ha venido el hombre al haberse dotado de un cuerpo físico, dispuesto a vivir unas experiencias que le han de aportar unos aprendizajes. Ese es en principio el sentido per se de la presencia humana en la Tierra.
El cuerpo físico es una corteza que le ofrece al Espíritu su mayor resistencia. Pero el hombre no es un cuerpo físico. Está muy lejos de serlo. El cuerpo físico es su envoltura mas densa, semejante a otras cortezas o envolturas mas sutiles de orden vital, emocional, mental, imaginal, sensible y conscientivo. Todas ellas entretejidas en torno del cuerpo físico.
Está presente en la religión egipcia. Por eso cuando un faraón moría no lo introducían en un sarcófago sino en varios, uno dentro del otro, correspondiendo simbólicamente a cada una de estas cortezas o envolturas.
Hasta siete sarcófagos se han llegado a encontrar para una sola momia faraónica. Eso quiere decir, siete cortezas entretejidas una en la otra.
Al yo Superior lo llamamos Individualidad; y al yo inferior lo llamamos personalidad.
Las cortezas mas sutiles y poderosas del hombre constituyen su Yo Superior; y sus cortezas mas densas son su yo inferior. Forman su Yo Superior la Consciencia per se, la Sensibilidad y la Imaginación Creadora o Mente Abstracta. Son una Triunidad. También se los denomina Espíritu Divino, Espíritu de Vida y Espíritu Humano. También lo llamamos Ego o Centro de Consciencia.
Forman la personalidad o yo inferior la mente concreta, las emociones, el instinto-vitalidad y el cuerpo físico. Con la personalidad es que actuamos en este mundo físico en función de la subsistencia diaria en primera instancia, para no dejarnos morir; y, de ser posible, para mejorar nuestras condiciones de vida. Y eso nos produce la ilusión de que eso es lo que somos.
Cada corteza presente en el Yo refleja en su constitución al todo, además de su esencia. El cuerpo físico por ser la corteza mas densa es el equivalente de un gran cáliz que sirve de asiento a todas aquellas energías de las que el Espíritu se ha recubierto, a la vez que el mismo cuerpo físico refleja en su corporeidad a cada una de esas otras cortezas mas sutiles, con las cuales está íntimamente imbricado. Todas ellas son los dioses en acción. Son el
Pan, el Cáliz (las cortezas); y el Vino, la energía que fluye en su interior.
Así, por ejemplo, la Sensibilidad está reflejada en el corazón, las emociones lo están en el zona abdominal, el instinto vitalidad se haya reflejada en la zona sexual, etc.
Claramente somos una estructura jerarquizada desde lo superior hasta lo inferior. Los dioses del Olimpo son la parte esencial de esta estructura. Y las luchas entre los dioses corresponden al fluír de energías internas a veces chocando entre si, tratando de dominar unas a otras, como cuando la personalidad quiere imponerse a su Yo Superior. Y es cuando adviene la tragedia.
Imaginaos un dedo que llega a creerse mas importante que los demás dedos; y aquello le hace creerse con derecho a gobernar la mano. Se vuelve tragedia. A semejanza lo que ocurre entre el yo inferior y el Yo Superior.
En el cuerpo humano la cabeza representa la Consciencia que gobierna. Cuenta para ello con el auxilio del sistema nervioso, cuya red se extiende hasta el último extremo del dedo mas pequeño de los pies. Está representado en el dios Apolo, y particularmente con asiento en la glándula pineal
unida al sistema nervioso central, de un lado. Del otro, el sistema nervioso autónomo, y muy particularmente el nervio vago, 1 que gobiernan toda nuestra fisiología.
Mas también tenemos en la cabeza el centro de todo el sistema glandular endocrino, cuya base es la glándula hipófisis o pituitaria. Está representado en Dionisos. Apolo
y Dionisios se necesitan absolutamente el uno al otro. El sistema endocrino nutre y complementa al sistema nervioso, tanto autónomo como central; y estos al sistema endocrino.
Helena P. Blavatsky dice refiriéndose a los dioses griegos: “Estos términos se han interpretado erróneamente en el sentido de ídolos. La idea filosófica relacionada con tales dioses no fue nunca de algo objetivo y antropomórfico, sino que en cada caso se trataba de una potencia abstracta, una virtud o una cualidad en la naturaleza; potencias espirituales y sin forma pertenecientes al Kosmos invisible”. 2
De paso nos enseña que el hombre es un ser cósmico y no exclusivamente terrestre. Y sus virtudes esenciales nos han sido ‘donadas’ como efecto del profundo entrelace energético, sutil, muy poderoso, con todo el sistema solar; pero también con las constelaciones que conforman el Zodíaco; y, en general con toda la galaxia.
No al azar nuestro cerebro tiene forma de bóveda y está hecho a imagen y semejanza de la Vía Láctea. Cada una de nuestras células cerebrales se corresponde con cada una de sus estrellas. El corazón se corresponde con el Sol. Luego no solo somos seres terrestres, sino solares y galácticos. Por lo menos.
Los planetas tienen nombres de dioses griegos. Y a la vez tienen un profundo vínculo funcional con todo el Sistema
Solar; y se relacionan con las constelaciones, al menos con las que forman el Zodíaco. No es al azar.
En todo nuestro cuerpo físico los dioses están presentes. Por ejemplo: la sangre es el vehículo de la acción. Claramente es Ares-Marte en cada uno, el dios de la acción. Si una persona está anémica puede llegar a ser incapaz de mover hasta un dedo. Y, por supuesto, estaría muy próxima a su muerte.
Hermes-Mercurio se relaciona con la laringe; Phallas Atenea con la faringe. Y producen el lenguaje.
Zeus-Júpiter es el dios tonante, Padre de hombres y de dioses. Está presente en la esfera sexual. Es por eso Padre de hombres por la generación; y Padre de dioses por la sublimación de la libido, la energía consustancial de la sexualidad, que elevada, espiritualiza.
Cronos-Saturno es el señor del tiempo, y está presente en el esqueleto humano. Es nuestro organismo mas rígido y fuerte, que sostiene toda la arquitectura orgánica corporal. Y él mismo es una impresionante obra de arquitectura. Físicamente es lo último de nuestra corporeidad en descomponerse. Su médula produce la linfa, que es una suerte de madre protectora del cuerpo. 3 Y así sucesivamente, están presentes y actuantes cada uno de los dioses y diosas griegos.
Lo trascendental es precisamente esa búsqueda consciente de cada ser humano por reconectarse con su parte espiritual propiamente, buscando hacer consciencia de si mismo. Es reconectarse conscientemente con su Yo Superior. Dicho sea de paso, es el significado etimológico de la palabra religión, que proviene del latín religare, que significa volver a unir. Para ello es preciso desarrollar Sensibilidad. Sin Sensibilidad no hay Espiritualidad, ni Trascendencia. La Sensibilidad es la Vida. Y la Vida lo es todo.
A la par con la Sensibilidad es menester despertar el poder de la Imaginación Creadora. Ambos poderes se unen a la Consciencia, que por eso se escribe con s, porque no es conciencia derivada de la mente, que eso es el intelecto, sino Senso-Consciencia, vale decir, una Consciencia profundamente anclada en la Sensibilidad. Es el despertamiento del Cristo. Porque el Cristo es Amor.
He ahí la comprensión de las palabras del Señor Jesús: “Nadie llega al Padre sino por Mi”. (Juan 14, 6). Él representa al Cristo, esto es, la Sensibilidad, el Amor. Y el Padre es la Consciencia. Es por eso que Consciencia, Sensibilidad e Imaginación forman la tríada superior, que juntas conforman la Individualidad.
La mente, las emociones y el instinto, forman la tríada inferior, esto es, la personalidad. La mente es una suerte de correo que trae y lleva entre lo inferior y lo superior, generalmente sin discriminar. Por eso, la mente ha de ser objeto de intenso entrenamiento para que efectivamente cumpla esta tarea. Discriminar es discernir. Ella por si sola no discierne sino se la adiestra para que cumpla tal objeto.
Pero para que así sea necesita del poder de la libido sublimada que produce fuerza para reconvertirse en comprensión, en amor, en sentido de lo bello, de lo bueno y de lo verdadero. Es lo que le da este matiz nuevo al poder de la mente.
Se la suele llamar ‘la loca de la casa’ porque todo el día está activa yendo de aquí para allá y de allá para acá, como una mangaveleta movida sin control por el viento, conectándose de modo inconsciente con las atmósferas ambientes del medio que habitamos, por lo que a menudo nos trae pensamientos que no son nuestros, pero piden pista para que les demos cabida y los adoptemos. La mente es así el mayor basurero que tenemos, y que muy poco nos tomamos el trabajo de asear y reciclar todos los días, que es como debe ser, haciendo un trabajo de retrospección permanente, amén de que a cada instante debemos estar muy atentos a vigilar cada pensamiento que nos llega, y hacer la criba correspondiente.
La mente crea emociones; y a su vez las emociones nos llevan a darles una forma pensamiento, nutriéndose entre si. Suelen ser nuestras mas profundas cadenas, porque la emoción genera acción. Y nada hay que selle mas una imagen, una emoción y un pensamiento que la acción.
“Los antiguos no eran ningunos paganos, no hablaban de dogmas ni de creencias, sino que eran grandes observadores de la naturaleza; no importa la cultura, sea egipcia, griega, india o americana, todos observaban la naturaleza y en ese gran libro aprendían las más elementales y extraordinarias verdades que la humanidad ha recibido a través de mitos, alegorías y leyendas, para que las logremos comprender por medio de la meditación, no con la razón, porque la mente no sirve para ahondar en estos misterios.” 4(Resaltado mío).
“Tanto las religiones como la filosofía han tenido su origen real en la mitología, palabra traducida del latín como el estudio de las fábulas. Para los griegos en su sentido mas profundo, mito tenía que ver con el conocimiento que se trasmitía de maestros a discípulos a través de los tiempos y que debía servir para el despertamiento de la sensibilidad y de la consciencia de los estudiantes de lo trascendental.” 5
Notas bibliográficas y/o del autor correspondientes al texto.
1. El nervio vago, también conocido como X (décimo) par craneal, es el nervio más largo del cuerpo y juega un papel crucial en la regulación de funciones vitales. Es un componente clave del sistema nervioso parasimpático, responsable de funciones como la digestión, la frecuencia cardíaca y la respiración, entre otras. Además, transmite información sensorial desde varios órganos al cerebro y ayuda a controlar funciones motoras, como la deglución y la fonación.
2. La linfa mantiene la salud general, desde el aporte de nutrientes a las células y tejidos hasta la protección del cuerpo contra agentes externos como virus, bacterias y células cancerosas. Luego los huesos son mucho mas que un sostén físico del cuerpo. Son su guarda pretoriana protectora. (Nota del autor).
3. Helena Blavatsky. “La Doctrina Secreta”. Citado por Iván Darío Quintero de la Pava. “Los Dioses del Olimpo”. Publicaciones “Luz en el Sendero” de la Orden Rosa Cruz Kabalista de Colombia.
Fuente: https://es.scribd.com/document/810247499/Dioses-del-olimpo 4. Ibidem. Misma fuente.
5. Ibidem. Misma fuente.
Tomado del Libro:
Jorge Hernando Santos.
EL ALMA GRIEGA ANTIGUA
VISTA DESDE SUS DIOSES Y TRAGEDIAS.
TOMO I: LO SACRO EN EL ALMA GRIEGA ANTIGUA.

