LA MÚSICA CON RESPECTO A LA EVOLUCIÓN HUMANA

LA MÚSICA CON RESPECTO A LA EVOLUCIÓN HUMANA

La evolución del hombre y del planeta en el cual habita puede ser seguida musicalmente lo mismo que espiritualmente. Al hacerlo así descubrimos que ambos trazos proceden en forma simultánea y a lo largo de sendas paralelas. En realidad, las dos permanecen separadas sólo en nuestra limitada percepción. En su esencia están inseparablemente unidas, y en los reinos superiores de existencia se reconoce que el entendimiento musical y la realización espiritual son idénticos. 

“En el principio era el Verbo”. Ambos el universo y el hombre fueron creados por el sonido. La fórmula musical para este acto creativo está contenida en el mismo primer capítulo del Génesis, el libro de los Eternos Comienzos, y también en el primer capítulo del Nuevo Testamento, el Evangelio de San Juan. 

En todas partes del universo se escucha una canción triple que el es canto de lo Absoluto. La canción es una pero posee tres aspectos: Poder, o armonía; el Verbo, o melodía y Movimiento, o ritmo. Este canto universal es literalmente la energía primordial por la cual Dios se manifiesta. Es en verdad, un concierto, aunque la sensibilidad humana todavía no sea tal como para poder oírlo fisicamente, pero si él lo escucha o no, el hombre en el hecho real vive, se mueve y lleva su existencia en un universo de armonía tonal. 

Las divinas energías emitidas por el Canto de Dios son irradiadas en nuestro universo por las doce Jerarquías zodiacales que rodean nuestro sistema solar. Cada una de las doce Jerarquías hace sonar su nota distintiva la que se registra en la música terrenal como una nota de la escala cromática. Los doce signos. pertenecientes a las doce Jerarquías se dividen en cuatro grupos de acuerdo al elemental con el que están relacionados. Los que pertenecen a las triplicidades de Fuego y Aire cantan en Mayores; los relacionados con Agua y Tierra cantan en Menores. Juntos forman la “Música de las Esferas”. 

Cada una de las Jerarquías zodiacales ejecuta una tarea específica y creativa. Mientras las tareas son diferentes, todas son manifestaciones del Único Tono Universal que es el origen de su energía, fuente de la cual brota toda música. Este estupendo coro cósmico está más allá de la capacidad perceptiva del hombre; es bajado a potencias menores por el Logos de nuestro sistema solar quien es su Creador, y viene a ser conocido en esta tierra como Voluntad (armonía), Sabiduría (melodía), y Actividad (ritmo). 

Para aquel espiritualmente iluminado, oír la música de las esferas es una experiencia iniciática trascendente. Así como los tonos celestiales son registrados por “los benditos oídos que escuchan”, así también “la bendita vista” registra un arco iris de colores que acompaña al sonido de aquellos tonos. Platón estaba entre los iluminados que escuchaban y veían estas glorias celestiales. Shakespeare las describe con entendimiento iniciático, y San Juan se refiere a ellas repetidamente al contar la revelación que recibió en la isla de Patmos. 

Ya que el Fiat creativo de tono impulsado de lo Absoluto es triple en su naturaleza, los números uno, dos y tres son la base de toda manifestación. Confucio, el Maestro-Iniciado chino, declaró que “del Uno procede el Dos; del Dos viene el Tres y del Tres vienen todas las cosas”. La teología cristiana se refiere a este poder triple como la Santa Trinidad y enseña como es debido que de él todas las cosas vistas y no vistas vienen a la manifestación. 

El UNO representa el punto en el cual el Hombre verdadero, el Espíritu Virgen se hace cargo del primer velo a medida que desciende hacia la manifestación. El DOS es dual y separativo; se relaciona con el estado manifestado o transitorio del UNO. Es la fuerza dominante en el presente peldaño de evolución humana. El TRES representa la Actividad de la Divinidad dentro de la dualidad manifestada. Es la fuerza que mueve hacia la perfección bajo el poder del siete, el número que compone la escala diatonica. 

En la manifestación física el TRES (triángulo) se basa en el CUATRO (cuadrado), interpretado como los Tres Divinos principios manifestándose en los cuatro elementos o como el Espíritu triple gobernando sobre la personalidad cuádruple. 

Todas las creaciones del sistema solar están formadas por las emanaciones de tono de las doce Jerarquías. La base alquímica de todas las cosas es Fuego y Agua en conjunción con sus elementos complementarios de Tierra y Aire. Estos preparan la sinfonía zodiacal que el coro celestial interpreta en el supremo cántico: “Y el Espíritu de Dios (Fuego) dio vuelta la faz de las aguas (Agua)”.

Este sublime canto hace eco una y otra vez mediante los acordes antifonales de la poderosa canción de San Juan de ritmo planetario: “El Verbo era con Dios”. En ella el bendito discípulo transmitió para la humanidad algo del éxtasis divulgado por las Jerarquías celestiales de Aries y Tauro en el mismo comienzo de la creación. 

Para repetir, en las fuerzas combinadas de Fuego, Agua, Aire y Tierra están el Alfa y Omega de todas las cosas. Esta combinación de poderes está expresada en ciertas claves mántricas, ejemplos familiares de los cuales son INRI, JHVH, AMEN. El poder de la palabra hablada yace oculto en estas claves, también el misterio relacionado con la Palabra Perdida. Algo de su poder es impartido al Evangelio de San Juan en una sublimidad, una grandeza no superada en toda la Biblia. 

El lenguaje es sonoro, sinfónico, exaltado. En esta relación es interesante advertir el uso de los números tres y siete en todas partes de este evangelio. Por virtud de este hecho, sus vibrantes valores continúan cantando su divina canción a través de las centurias. Así como el primer capítulo del Génesis es claro en su recitación cubriendo los Siete Días de la Creación, nuestro esquema evolutivo es septenario en naturaleza. El lector más casual de la Biblia no deja de observar la repetición de este número desde el Génesis al Apocalipsis. 

En el primero de los siete días creativos el poder cuádruple está potencialmente presente. En los días sucesivos llega a activarse en forma progresiva hasta que alcanza la máxima expresión en el séptimo o último día creativo. El poder operativo dominante en cada uno de los siete días o periodos está armonizado con la tónica musical de uno de los planetas de nuestro sistema solar. Así cada día agrega su nota particular al gran conjunto a medida que los poderes innatos del espíritu se hacen más y más evidentes. Cuando la última o séptima nota ha sido tocada, el poder del Verbo que es Dios, el Todo Bondad, suena en una gloriosa octava, la serie perfecta y acabada. 

Corinne Heline 

“¡Ah musica, el sagrado lenguaje de dios! te oigo llamar y vengo”

Confusio
  • El Mágico Poder del Mantram
  • Color y Sonido
  • Biorritmo

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