EL MISTERIO DEL PAN Y DEL VINO

EL MISTERIO DEL PAN Y DEL VINO

El hombre físico es símbolo de la piedra filosofal, ya que su causa es el divino Espíritu o disolvente universal. El hombre es una correlación de fuerzas físico-químicas, paralela a otra correlación de fuerzas espirituales que reaccionan sobre aquellas en proporción del desarrollo alcanzado por el hombre terreno. Así, un alquimista perfecciona la obra según la virtud del cuerpo, del alma y del espíritu, porque el cuerpo no es penetrable si no por el espíritu, ni persistiría el tinte pluscuamperfecto del espíritu si no fuese por el cuerpo; tampoco podrían comunicarse espíritu y cuerpo sin la relación del alma, porque el espíritu es invisible y necesita de la vestidura del alma para manifestarse. Todo estudiante sincero de ocultismo desea saber cómo se obtiene éste Santo Cáliz, a lo que contestamos: que se construye conforme lo ya dicho hace tiempo por Hermes: “con gran industria e ingeniosidad”. 

Por eso, el momento tan memorable en que se conmemora el extraordinario ritual del pan y del vino que efectuara el Divino Rabí de Galilea con sus doce discípulos, el Maestro de Maestros, que les dijo a sus discípulos: “Tomad y comed este es mi cuerpo”, mostrándoles el pan, el pan de Vida que nos da la capacidad de cohesión, teniendo así un vehículo físico perfecto para nuestro Ego (Cristo Interno). Este perfeccionamiento del vehículo se efectúa a través de la energía terrestre que al penetrar por las plantas de los pies va hasta el centro básico desde donde nos da la capacidad de cohesión. 

“Tomad y bebed, esta es mi sangre” dijo el Divino Maestro a sus discípulos mostrándoles un cáliz lleno del jugo de la vid (Vida). Este vino es la substancia universal que compenetra nuestra estructuración psicofisiológica a través de la inspiración, corriente que entra a nutrir las glándulas endógenas a través de dos nervios simpáticos: Ida y Pingalâ. 

Cuando estamos polarizados por Ida, es decir que en nosotros fluye el aliento por la fosa nasal izquierda, esta energía entra a estimular las glándulas pituitaria, tiroides y timo, que unidas, tienen afinidad con la linfa (el pan). Cuando la respiración se efectúa por la fosa nasal derecha, la corriente de vida entra a nutrir las glándulas suprarrenales, páncreas y gónadas, teniendo afinidad con el hierro (la sangre). Dicen los esoteristas que nuestra evolución depende del hierro y del oxigeno, pero jamás han explicado cual son este hierro y este oxigeno. Generalmente se opina que el hierro es aquel mineral que extraemos de los alimentos que ingerimos y que el oxigeno es el elemento que penetra en nosotros por medio de lo respiración. Hoy que estamos ad portas de la Era de Acuario los Jerarcas de la evolución han permitido que se vayan develando estos misterios, a la vez que se dan las normas prácticas científicas para realizarlo. 

El hierro (como Fuego de la Vida), es el producto de las glándulas que operan del vientre hacia abajo y se conoce generalmente como Fuego Secreto, mientras que el oxigeno (como substancia) que en nosotros generan las glándulas situadas desde el esternón hacia arriba, se convierte finalmente en substancia genésica, liquido que es depositado en la próstata, a la que ellos le dieron el nombre de recipiente de cristal

Cuando el estudiante hace uso debido de sus energías, aquel pan y vino son trasladados desde la próstata hacia la aurícula derecha del corazón; este es el Cáliz o gran recipiente el cual Jesús mostrara a los discípulos cuando les enseñaba el pacto con el vino. Allí, aquella substancia junto con la energía pránica (o Luz Crística) que radica en aquel chacra, pasan a los pulmones, y después de haber recibido el magnetismo universal, regresan hacia el corazón en el ventrículo izquierdo donde estimulan un poderoso átomo, manifestación objetiva de nuestra Mónada, expresión de Dios en nosotros, el “Átomo Nous”. Este átomo es el maestro constructor, el Hiram Abiff de las leyendas masónicas, el cual fue encargado por Salomón para construir el templo donde la divinidad se expresaría, poseedor único de la palabra clave que es el AMOR. Éste átomo entra a estimular y a regenerar todas las células que integran nuestra sangre, dando como resultado una salud perfecta que es uno de los móviles fundamentales para el progreso en la senda de la evolución consciente. 

Este Santo Greal (sangreal, sangre real), se adquiere o se forma cuando aquella quintaesencia recibe por intermedio de los pulmones el oxígeno y el Aliento de la Vida universal o Alma del Mundo, entrando así en combustión el alto voltaje de hierro que hemos adquirido por medio de las normas científicas que venimos efectuando. Allí, el hierro se transforma en oro coloidal por el poder de la oxigenación, pero no se detiene en éste centro pulmonar; aquella esencia es lanzada hacia la cabeza nutriendo los centros cerebrales, cumpliendo así la realidad científica alegorizada por los grandes alquimistas de que el Logos, Verbo de Vida o Dios, nutre al hombre. 

Esta quinta esencia es transmutada en el cerebro por los plexos coroides, el cual lo transforma en líquido cefalorraquídeo, uno de los altos constituyentes de la piedra filosofal, acumulando su energía en el tálamo óptico. Aquel precioso líquido es trasladado al cuarto ventrículo cerebral, del cual desciende como energía por el nervio pneumogástrico-parasimpático hacia el plexo solar, en donde se une con las partículas que recibimos periódicamente para formar la semilla psico-espiritual, es decir, el Cristo en embrión. De allí esta semilla hace su descenso hacia el centro sexual o Swadistâna por intermedio del nervio semi-lunar, cumpliéndose el pasaje bíblico de que “Cristo descendió a los infiernos, para ascender a los Cielos por su propia virtud”. 

Cuando el discípulo se ha dedicado a llevar una vida devocional y de recta acción, aquella preciosa energía principia a establecer conexión con el centro Mulhadâra o básico, uniéndose así el consciente y el subconsciente. En aquel centro toma la energía ígnea de la tierra o Kundalinî; de allí hace su ascenso hacia la glándula pineal de acuerdo con la capacidad del discípulo de sublimar las partículas del sol, para formar las “piedras” que son un puente hacia la glándula pineal o hacia la glándula pituitaria, de acuerdo con la capacidad del discípulo de sublimar las partículas de la luna, formando. Cuando se establece el puente de la pineal hacia la pituitaria en este proceso de multiplicaciones por medio de esta Luz, se logra la clarividencia y se conecta el tercer ventrículo donde radica el átomo del Padre, con el corazón, en donde se manifiesta como el hijo o el Sol interno que nos irá guiando por el sendero de una vida espiritual. Es por medio de continuas sublimaciones o movimiento circular de energía, como vamos adquiriendo el elixir de larga vida y la piedra filosofal. En síntesis, el elixir de larga vida es la capacidad de convertir la Vida universal en vida individual y la piedra filosofal es unir nuestra consciencia con la del Logos.

Revista Luz en el Sendero No 20

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