“Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal”
El árbol de la Vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (árbol del Conocimiento) que se encuentran en el centro del paraíso, están exactamente relacionados con el centro de nuestro cuerpo, porque allí se localiza el sitio que proporciona la experiencia y la vida diferenciada.
Si miramos nuestro cuerpo desde la cabeza hasta los pies, la mitad de esa medida corresponde al centro generador donde se encuentran los dos alegóricos árboles plantados en la mitad del paraíso. Allí se encuentra la vida fisiológica en su aspecto substancial como “árbol de Vida” y en su aspecto energético o psíquico-espiritual como “árbol de la ciencia del bien y del mal”.
Mientras el árbol de Vida está en relación con el sistema nervioso autónomo y la cadena glandular, el árbol de la ciencia o árbol del Conocimiento está en relación con el sistema nervioso cerebro-espinal.
A través del árbol de la Vida hacen eclosión las energías cósmicas en la naturaleza humana. Constantemente estamos recibiendo las energías del Macrocosmos, de Dios, del Alma del Mundo o de la Vida Universal por el sistema nervioso autónomo. Ese influjo, crucificándose en la materia (substancia-forma), hace posible que la vida diferenciada pueda adquirir experiencia.
Dice en Gén.3.22 “He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano y tome también del árbol de la Vida, coma y viva para siempre“, porque el buen uso que se le de a la energía progenésica, tiene la virtud hasta cierto punto de proporcionar una longevidad sana, activa y consciente.
En la raíz del árbol del Conocimiento subyace un principio energético especial muy poderoso; es la energía de la Vida que cuando no es malgastada en las locuras eróticas del instinto y de las pasiones, puede ser sublimada, desplazada como energía por el árbol del Conocimiento hacia los centros cerebrales para desarrollar consciencia, a la laringe para exteriorizarse como elocuencia, al corazón para despertar el sentido espiritual del amor, la bondad, el altruismo, o hacia los centros abdominales para desarrollar la acción fecunda en el mundo tridimensional y cuando se exterioriza como semilla o árbol de la Vida, permite que Egos expectantes puedan renacer.
Es la mayor o menor cantidad de esa energía lo que diferencia al viejo decrépito del adolescente; es lo que diferencia a la anciana enjuta, desgastada que posiblemente ha sufrido mucho, de la adolescente llena de belleza, de frescura y lozanía. La persona mayor ya no tiene esa luminosidad, esa alegría, esa espontaneidad, ese desco de dominar al mundo, porque al ignorar dónde estaba el poder, se le dio rienda suelta al instinto perdiendo esos dones de la existencia.
Cuando esa energía es guardada y además dirigida estéticamente hacia las esferas de la sensibilidad y de la consciencia, estamos felices, sanos, nos sentimos perfectos, llenos de voluntad, coraje, vigor, energía y poder. Así el ser humano puede manifestar toda la magnitud y grandeza de su evolución.
Enseña la tradición esotérica que “lo que nace del vientre muere y lo que nace del espíritu tiene vida eterna”. Cuando la energía generadora se pierde en las locuras eróticas, estamos inexorablemente ligados a la decrepitud y a la muerte, pero cuando esa energía se dirige hacia los mundos espirituales, nos hace nacer en espíritu utilizando las energías del árbol del Conocimiento.
Revista Luz en el sendero No 21
Kiunter Schwery

